Paulatinamente
el sol palidece
y la mísera
furia con su látigo
nos atiza
ateridos en la nieve
en tanto
nos veja el macabro pánico.
El martillo
y la hoz mis versos forjan
al son del
fusil contra la calaña.
La poesía
que en el folio aflora
ametralla a
quienes nos atenazan.
Desde tronos
su polución cala
entre
lluvias ácidas de demencia.
La horda de
gusanos se enmascaran
y en su cepo
hurtan a la clase obrera.
Hay licencia
para robar y matar
si encumbran
la pirámide siniestra.
Los pobres y
precarios han de brindar
por migajas
de hipócritas hienas.
El Imperio
hambre y agonía impuso
con su baile
tétrico y despreciable.
Su canto
galante no me sedujo.
Lenin me
grita ¡Debes rebelarte!
En esta
tierra liman nuestras lenguas
para
agonizar la grácil esperanza.
Portan
infames máscaras burguesas
buitres que,
en la esclavitud, nos desgarran.
Mis
enrojecidos ojos tiemblan
al tiempo
que descuartizo su bozal
¡Camarada! Usarán
rifles y rejas
pero ni con
tanques nos podrán aplastar.
Mi odio
escucha más allá de sus muros
que ansían
que sus esposas nos aten
pero las
quebramos con nuestros puños
por mucho
que sus fascistas ataquen.
Mis alas
sobrevuelan en rojos versos
atisbando
como violan impunes.
Combatamos
contra su cruento ejército
y que de
patronos sean los ataúdes.
Su caza
podrá empuñar viles farsas
o esgrimir
guerras sin cuartel,
pero ni el
miedo ni sus balas callan
al hombre
nuevo, legado del Che.
¡Ni sus
barrotes silencian nuestras bocas!
Se desnuda
la silueta de la lucha
si la
vendetta sueña y me aborda
con soplos
de la siberiana tundra.
Ni barro ni
humo. Mi corazón late
tras el
telón de acero que, férreo, templa
horizontes
en el frente, las calles
carbonizando
su cortina negra.
Mi esquela
será postergada piedra
pero no cabe
duda que mi sangre
prefiere
caer y romper las cadenas
por batallar
en la lucha de clases.
El mortífero
yugo aviva la rabia
mientras
degustamos cenizas y fraude.
Esta es la
verdad revolucionaria
y nos grita
:¡socialismo o barbarie!
POR ANTONIO J.MORILLO CARPINTERO

