Es una enfermedad constante ante la que toda la población asiente sin razonar el porqué de esta, tan solo asume que tiene la culpa de dicho padecimiento mediante la implantación de una resignación en el enfermo, que tiene solucionar el mal con vanos remedios.Esta afección se denomina CRISIS. La dolencia recae sobre aquellos que están más indefensos intelectual y económicamente para soportar el peso de los experimentos y procesos frívolos de los laboratorios elitistas, los cuales pretenden trastornar a la manada sobre la que recayó tal plaga.
Dicha epidemia se ejecutó como un azote sobre una espalda despellejada, saboteando con una amalgama de hipocresía, demagogia, dinero, soberbia, moda, futbol, toros, una moral adulterada y materialista, discursos falaces, telediarios, etc. a fin de instaurar una sumisión constante también denominada moral del esclavo para hacer más llevadera esta dificultosa situación de obediencia a sus señores como fieles lacayos irracionales tildando el ejercicio de la razón de perversa porque podrían encontrar trabas en el camino pedregoso, pero en cuyo final vislumbrarían la solución.
Hace tan sólo diez años el colectivo que se ha visto afectado por este mal habitaba en una burbuja de inflación, consumismo (incrementado hoy día), usura, corrupción, derroche y por lo tanto una profana y efímera felicidad que conllevó a la intensa dolencia económica, ética y energética que padece hoy día.
Para poner fin a esta lúgubre realidad los mandatarios que manejaron y manejan tal paradigma y explotaron el estado del bienestar han elaborado unas directrices basadas en la supresión gastos en medicamentos indispensables para la población pero insustanciales para el sistema, es decir el ingente grupo afectado ha pagado considerablemente su afección a los laboratorios para que estos se marchen con el dinero mientras el colectivo damnificado ve incrementados sus síntomas y reducidas sus posibilidades de mejoría o recuperación eliminando hospitales, escuelas y postergando a parados y ancianos.
Esta enfermedad no tendrá solución si no nos ponemos nosotros la bata y destituimos al verdadero daño, los médicos y laboratorios, en este caso, los mercados y bancos.
Dicha epidemia se ejecutó como un azote sobre una espalda despellejada, saboteando con una amalgama de hipocresía, demagogia, dinero, soberbia, moda, futbol, toros, una moral adulterada y materialista, discursos falaces, telediarios, etc. a fin de instaurar una sumisión constante también denominada moral del esclavo para hacer más llevadera esta dificultosa situación de obediencia a sus señores como fieles lacayos irracionales tildando el ejercicio de la razón de perversa porque podrían encontrar trabas en el camino pedregoso, pero en cuyo final vislumbrarían la solución.
Hace tan sólo diez años el colectivo que se ha visto afectado por este mal habitaba en una burbuja de inflación, consumismo (incrementado hoy día), usura, corrupción, derroche y por lo tanto una profana y efímera felicidad que conllevó a la intensa dolencia económica, ética y energética que padece hoy día.
Para poner fin a esta lúgubre realidad los mandatarios que manejaron y manejan tal paradigma y explotaron el estado del bienestar han elaborado unas directrices basadas en la supresión gastos en medicamentos indispensables para la población pero insustanciales para el sistema, es decir el ingente grupo afectado ha pagado considerablemente su afección a los laboratorios para que estos se marchen con el dinero mientras el colectivo damnificado ve incrementados sus síntomas y reducidas sus posibilidades de mejoría o recuperación eliminando hospitales, escuelas y postergando a parados y ancianos.
Esta enfermedad no tendrá solución si no nos ponemos nosotros la bata y destituimos al verdadero daño, los médicos y laboratorios, en este caso, los mercados y bancos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario