Nos flagelan la voz, vehemente y certera
por aullar más fuerte que el pastor
entre su infecta y vil vereda,
difundida entre sombras al disipar la razón.
La solidaridad aglomera a los lobos
que unidos, rasgarán mañana la cuerda
para alejar a los prisioneros del lodo
y desligar sus férreas y opresoras cadenas.
Asumiremos el deber de redimirnos
ante el fariseo poder del patrón,
pues el pueblo unido jamás será vencido
con el canto del afán redentor.
Las lágrimas y la sangre derramadas
argüirán y enarcarán los motivos
por los que alzar como arma
la libertad sin suspiros clandestinos.
Por Antonio J.Morillo Carpintero,
*con derechos de autor, copia penalizada
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