Degusto la senda que en versos ásperos profiere
tramontana de burdo acíbar
y lluvias de mitigante nostalgia
que riega el ego de tierras que me inspiran
si nos adormece la esperanza de que Dionisos nos aliente
mas Atlas nos guarece con su gélido manto
cuando codiciamos el aroma y frenesí del fuego
instigados por la duda como Prometeo
ante la sed de un azar súbito en vanos quebrantos
por el sino, sus albores y pupilas
que contemplan el canto de despedidas murmuradas
al sumirme en este voluptuoso enigma
abarcado por el bronco y perpetuo hado.
Así, avanza la barca que erraba
camino de soñados y disipados lugares
ladeando la juventud por la bahía de caladas abrasantes
desde ríos brotados con la antítesis del humano
tiznada por la certera altivez
si danzamos sobre la orchestra de espinas
de una tragedia que el tiempo perturba
por desiertos de verdades y mares de mentiras
anhelando la fragrante música de rimas mudas
trenzadas por la luz cohibida,
absorta, tras el telón de la fugacidad
clandestina en el ocaso de realidades enmudecidas.
El ten de Cronos ansía vísperas de despedidas
atenuando la espera de Hades para sentir
la soledad de acordes vehementes en el réquiem
al atar los grilletes del caduco latir
afligido ,si impele la tenue sinfonía escrita
mediada por la trabazón
brusca, efímera y desnuda que nos enardece,
abruma y arriba hasta que expira
la nota final de la perecedera obra, la vida.
Por Antonio J.Morillo Carpintero,
*con derechos de autor, copia penalizada
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