martes, 14 de agosto de 2012

92 días en el horizonte de la cuerda locura


Se derriba sobre mi el astillero
de tu corazón, fulgor de la luna
que desgarra las astillas del pensamiento.
Se abruma la realidad con el perfil de la duda
certera en la acera donde me petrifican tus besos
cual rasante guadaña, placentera y desnuda
que en vida sume a la penumbra
de la locura aunque no estoy cuerdo
por deambular en tórridas dunas de terciopelo
cuando vislumbro, errado, el nebuloso sendero
tras el murmullo de desaforados truenos.
Eres estruendo que devora las telarañas
invisibles cuando bebo de tu cuerpo.
Desligas el fruto de las espigas de hiel ancladas
en mí por naufragios rememorados por el aliento
del olvido y el resuello de la llama,
por vientos que al fin perforan
mi alma con los suspiros de las noches
en las que silencio la cortante soga
demorando el tiempo para que tu voz me roce.
El rostro del delirio viste sombrero de amor ,
su puñal  me atraviesa y congela mis venas ,
su veneno para el gélido reloj
 el licor de su nuca discurre qemando mi cuello 
estremeciendo la sien de mi preso sueño en los barrotes 
de una quimera insomne.
Mi rió carmesí sobre su pecho hierve 
atardeciento en lasciva reyerta 
entre sábanas de los versos que te escribí 
y los que sobre tu voz se enhebran 
sesgando el látigo del destino ruín
 pues tu mirada en mí se hace eterna.


Antonio J.Morillo Carpintero



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