Otro día más miro a mi alrededor y siento un sentimiento colindante entre la angustia y la rabia, la angustia de no saber que pasará el día de mañana en este paradigma dictaminado por el contubernio Mercados-Gobiernos al que los ciudadanos sumisos dan el visto bueno otorgándole la mayoría absoluta sin saber absolutamente nada del plan económico, político y social que llevarán a cabo.Aunque también me surge un ápice de angustia pero del asco que me produce esta burda sociedad que no despierta. Ello me conduce a la indignación y consiguientemente a la rabia.Y que mejor manera que expresarlo en palabras en la siguiente composición. Como dijo Kafka:"La literatura es siempre una expedición a la verdad."
Apuntan a la reata sumisa
con la pistola del euro y el dólar,
atentan contra tu consumista vida
en la mentira sórdida donde te roban.
Alto y claro, tildan de pérfido ruido
el clamor de crudas verdades
como que terror es capitalismo
coaccionando para que el trabajador trague.
Se cuelgan dudosas medallas
reyes golpistas o herederos del dictador
confeccionando loas reaccionarias
acogidas a una incoherente constitución.
Las voces rebeldes son las que revelan
la podredumbre de esta infecta sociedad
que acata la tiranía de dicha treta,
que guillotina cualquier crítica en el modelo del capital.
La globalización conllevó a la sobrexplotación
para la sobreproducción que llevará a la debacle
pero siguen difundiendo por televisión
el sofisma liberal de Felipe González.
Encantadores de serpientes te seducen
para inducirte la amnesia de este orden injusto
defendido por antidisturbios anti-multitudes
que se escudan en falacias de Perogrullo.
“Progres” gritaron no a la guerra de Irak
y “nunca mais” al desastre del prestige
pero callan con Sáhara, Palestina y Afganistán
por las brumas de unas ideas en sucio barniz.
Castillos de papel se queman en la escena
de la hipoteca del “american dream”
y el populismo por bandera
en bandejas de cerebros maniatados al garrote vil.
De aquellos barros acaecen estos lodos
tras especulaciones con profano capital
ante la máscara del nuevo oro
en vacuos sentidos y su inherente disfraz.
La cultura de la democratizada dictadura
se hace patente por gusanos y genocidios
que dictaminan la ley a una masa muda
mientras los justicieros son perseguidos.
Las víctimas de este pernicioso sistema
honran a sus verdugos con un falso dogma,
los esclavos callan al tiempo que niegan,
ignaros, la realidad de una moral que les explota.
Por Antonio J.Morillo Carpintero
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