Un nuevo día anochece
en la mañana de Yasser
que vislumbra una franja que divide
dos pueblos, demasiados muertos
inocentes
en los albores de su vida, absorta
por Israel
y malograda por el infecto yugo, el
almirez
que suelda las rejas que le
impiden
cuan tragedia certera
jugar, andar, dormir, !vivir!...ser
libre
al estar envuelto en un telón de
sangre
por nacer en la violada gleba
donde se imponen al amor fronteras
entre balas de rencor y
desigualdades
tras el muro de una sentencia
violenta.
Yasser tan sólo desea que los
ideales
prevalezcan sobre la aberrante
demencia
a fin de que sus inocentes y
lapidadas pupilas
contemplen en un ocaso cercano
el amanecer en una libre Palestina.
Por Antonio J.Morillo Carpintero
No hay comentarios:
Publicar un comentario